En un mundo con sentido, con finalidad y con equilibrio dinámico 

Gumersindo Rego Fernández

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Habitamos un universo en evolución; según algunos en evolución lineal  y según otros en evolución cíclica. Es posible que ciclos sucesivos, enlazados por algún tipo de información, determinen una evolución lineal.

Hay opiniones diversas en cuanto a la existencia de sentido y finalidad en el universo pero no cabe duda de su existencia, al menos desde que el ser humano crea estructuras con sentido y finalidad, como una nave espacial, una vacuna o un teléfono móvil, por ejemplo. El ser humano es incorporado al universo tardíamente y parece lógico pensar que el sentido y la finalidad podrían existir antes. La existencia de sentido y finalidad posibilita, en cierto modo, la predicción del futuro.

En el universo tienden a desarrollarse estructuras bipolares que dinamizan su evolución, estableciendo equilibrios entre polos opuestos o complementarios. La materia y la  antimateria o los polos positivo y negativo de un imán son ejemplos de esta bipolaridad en el mundo de la física; los sexos masculino y femenino, el placer y el dolor, el amor y el odio o la alegría y la tristeza, son ejemplos a nivel biológico. Cabe resaltar que la bipolaridad sexual no solo facilita la supervivencia de las especies sino que, con ella, emergen diversas formas de amor que enriquecen considerablemente la vida.

Hay que hacer notar que el hecho de que se observe tendencia hacia la diferenciación y hacia la bipolaridad no excluye la tendencia que tienen las estructuras diferenciadas a converger hacia otras más complejas, o incluso hacia un todo armonizado según algunas opiniones.

El ser humano tiene impresa en su mente la referida bipolaridad dinamizadora y ello se nota  en sus creaciones. Los dos miembros de una ecuación matemática, los polos positivo y negativo de una batería, la llave y la cerradura, el tapón y la botella y la existencia de acusación y defensa en un juicio son ejemplos de ello.

El ser humano no solo crea estructuras bipolares en el mundo físico sino que proyecta esta tenencia al mundo metafísico, tal vez con alguna ayuda externa, y ello ha tenido gran influencia en la historia y en la vida. En principio el mundo metafísico parece demasiado alejado de la vida corriente como para prestarle atención y sobre todo es algo de lo que no está de moda hablar, pero es algo que  está a la vista, al menos en nuestra mente y, por tanto, hay que tenerlo en cuenta al tratar de la bipolaridad dinamizadora del universo, aunque sin  pretender profundizar en la historia de las religiones ni en temas teológicos.

Tuvo gran repercusión histórica una forma de dualismo que admite dos principios supremos en lucha, increados e independientes: el principio del bien, personificado en un dios y el principio del mal personificado en el diablo. Los dualismos más influyentes fueron seguramente el mazdeísmo y el maniqueísmo que infiltraron otras religiones y doctrinas, como la de los cátaros, por ejemplo.

Del principio del mal procederían la materia y el cuerpo. Considerar el principio del mal como poder independiente pudo servir de base para rendirle culto y para practicar diversos rituales con el fin de hacer daño a alguien, a veces rituales verdaderamente macabros que todavía son noticia y en los que se mezclan ingredientes de ignorancia, drogas y abuso de poder. No olvidemos que hace poco la gente vivía atemorizada por el mal de ojo, por maleficios y por temor a ser embrujados, temor que se ha ido desvaneciendo pero que todavía perdura en muchos sitios.

Al contrario que el dualismo, el neoplatonismo admite que todo procede del Uno por emanación y que a mayor distancia del Uno mayor imperfección. A gran distancia estarían la matera y el cuerpo. Este planteamiento induce a huir del cuerpo y volver hacia el origen mediante prácticas ascéticas, a veces exageradas, que todavía podemos ver por ahí. Por otra parte, el hecho de compartir el origen y de formar parte de un todo interrelacionado fomenta prácticas rituales, incluso esotéricas, en las que el actor o actores se creen con poder de influir sobre lo que les interese, quizás con excesivo optimismo. Esta doctrina tiene relación con el gnosticismo, con la cábala y con el misticismo y tiene ramificaciones vigentes en la actualidad. 

La religión judeocristiana propuso la existencia de un solo poder supremo, por lo que el culto al diablo no tendría sentido para esta creencia; además  afirmó que todo ha sido creado por Dios y todo es bueno, por lo que tampoco tendría sentido  rechazar el cuerpo. “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera”. Por otra parte la relación entre un creador personal y las personas creadas  permitiría el despliegue del amor, fuerza de la que se puede esperar lo mejor.  Esta circunstancia no se manifiesta claramente en el panteísmo ni en planteamientos similares que identifican a dios con el mundo.

Podemos ver que lo metafísico  no está tan alejado de lo físico ni de la vida cotidiana como creemos a menudo.

Gumersindo Rego Fernández

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