La persona humana y sus dimensiones

Escrito por

Por Gumersindo Rego Fernández.-

La persona humana es el máximo valor alcanzado por la evolución, según el personalista Mounier, hasta el punto de que se podría ver el universo como una fábrica de personas. No es lo mismo persona que individuo. Para juzgar un delincuente no basta identificar al individuo que causó el delito, el juez necesita saber si era responsable de sus actos y para ello  necesita información personal que solo pueden conocer las personas, los testigos o los expertos.

La formación de la persona empieza al nacer. Empezamos por identificar nuestro cuerpo y diferenciarlo de lo que nos rodea, por identificar nuestro yo y nuestra persona con el cuerpo, identificación que tiene sus problemas, porque el cuerpo ya sabemos cómo acaba y por eso las filosofías y religiones orientales se esforzaron por encontrar fórmulas para huir del cuerpo y centrar la vida en algo más seguro.

Para la maduración personal es importante ir superando los conflictos que surgen entre las pulsiones ciegas internas y las normas de conducta que se nos imponen, imprescindibles para convivir; si estos conflictos no se superan adecuadamente pueden dejar heridas mal curadas en el subconsciente y ocasionar problemas más tarde.

La evolución personal tiende hacia la autonomía; tendemos a movernos atraídos y no empujados; a movernos por criterios propios y atraídos por valores y no a movernos empujados por fuerzas ciegas internas o por órdenes externas.

La maduración personal es fundamental para alcanzar la plenitud de la vida y en este proceso están implicados todos los estamentos de la sociedad: individuo, familia y muy especialmente los sistemas educativos y la ejemplaridad, operando desde la infancia.

Cuando nacemos no hemos podido elegir nada, ni siquiera si queríamos vivir, pero nacemos con herramientas y capacidades que nos permiten construir nuestra vida a nuestro gusto, o al menos poner de manifiesto lo que nos gustaría ser; de modo que al final de la vida nos encontramos con un cuerpo prestado, que no hemos elegido, y cuyo destino  es bien conocido y con una persona construida a nuestro gusto cuyo destino platea interrogantes y demanda soluciones.

La posibilidad de construir nuestra persona a nuestro gusto es nuestra mayor grandeza y, en cuanto al límite hasta dónde podemos llegar, cabe hacer algunas consideraciones.

Pico de la Mirandola afirmó (resumiendo): “…oh Adán… No te he hecho mortal, ni inmortal… celeste ni terreno… te puse en medio del mundo para que desde allí pudieses darte cuenta de todo lo que hay en él…para que por ti mismo, como libre y soberano artífice, te formes y te esculpas en la forma que hayas escogido…podrás descender a la forma más baja de existencia como si fueras una bestia o podrás, en cambio, renacer… entre los más altos espíritus, aquellos que son divinos.”

Sartre, primer exponente del existencialismo, sostuvo que el hombre no tiene esencia, tiene existencia y es lo que él haga de sí mismo.

Aparentemente el límite de la construcción personal está en la muerte, según lo que nos indica el conocimiento directo e inmediato, y es posible que así ocurra. Pero hay que tener en cuenta que el conocimiento directo e inmediato, siendo muy importante para respuestas emergentes, para que no nos atropelle un coche por ejemplo, no es el  que nos llevó a la luna, ni a la erradicación de la viruela, ni a los dispositivos móviles que manejamos a diario, sino que todo esto y otros avances se consiguieron pensado, y pensando a largo de muchos año; por tanto es necesario pensar para conocer, para resolver problemas y para llevar a cabo proyectos, y también es necesario pensar sobre la muerte, nuestro mayor problema, leyendo el libro de la naturaleza, teniendo en cuenta la experiencia, el conocimiento intuitivo y otras fuentes de información.

La posibilidad de construir nuestra propia persona más allá del soporte corporal y más allá de la muerte merece algunas reflexiones. La información es el soporte de la vida desde sus orígenes. Todas las formas de vida están escritas en el ADN, en un lenguaje universal. Desde que nacemos dejamos huellas por todas partes, ADN y otras. Nuestro cerebro emite información en forma de ondas electromagnéticas, registrables con el electroencefalograma. Estamos viviendo en la era de la información y del conocimiento, basada en el lenguaje binario. El lenguaje es seguramente el principal medio de comunicación de nuestra mente con el mundo y con todo. Y Dios dijo: «Hágase la luz», y la luz se hizo. “En el principio existía la Palabra… Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. El que reza en un santuario usa la palabra para poner su mente en contacto con alguien.

Hameroff, estudioso de la consciencia, opina que el concepto de consciencia equivale al de alma y equivalen  a la información emitida por la persona a lo largo de su vida, información que permanecería indefinidamente en el universo. Tipler, profesor de física, piensa que en el futuro las ciencias de la información permitirán simular todas las formas de vida que hayan existido y crear una realidad virtual, a lo que él llama la resurrección de los muertos. Van Lommel y otros autores piensan que la consciencia no es un fenómeno local, que no está localizada exclusivamente en el cerebro, sino en el vacío cuentico, en forma de ondas de probabilidad, ondas que podrían ser sintonizadas por el individuo mediante un código personal, probablemente basado en el ADN.

Los  elementos básicos de la información son: una fuente emisora, un canal transmisor y un receptor que la descodifica y revierte. La información necesita un destinatario para ser operativa, de lo contrario sería un absurdo y ello nos lleva a hacer algunas reflexionemos acerca del destino de nuestra información personal.

Visto lo visto parece que hay fundamentos para ser optimistas en cuanto a las posibilidades y dimensiones de la persona humana; hay que tener en cuenta que  hace pocos años no creeríamos poder volar, ni que podríamos comunicarnos al instante con nuestros antípodas, ni que se eliminaría la viruela, que era el azote de la humanidad. No estamos autorizados a menospreciar un mundo en evolución, quizás al comienzo, al menos en lo que se refiere a la vida humana, un mundo que camina hacia delante, aunque sea con avances y retrocesos, y que nos puede llevar a cotas imprevisibles. 

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