Hacia la complejidad. Hacia la vida

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Por Gumersindo Rego Fernández

La vida surgió sobre la tierra hace unos 3.500 millones de años, vinculada a la información, a la molécula de ADN, en la que están escritas todas las formas de vida, en un lenguaje universal, con un alfabeto de cuatro letras (cuatro moléculas). Los primeros seres vivos, y únicos habitantes de la tierra durante 2000 millones de años, fueron las bacterias. Nos encontramos con la información en los mismos orígenes de la vida y seguirá siendo pieza clave para su evolución.

En la evolución de la vida van surgiendo avances que se incorporan a lo anterior, de modo conservador. Lo anterior sirve de soporte a lo nuevo y lo nuevo interactúa con lo anterior y lo controla según convenga.

Los embriones de diferentes especies son muy parecidos al principio y poco a poco van adquiriendo los caracteres de la especie.  La ley  de la recapitulación de Haeckel resume este proceso, afirmando que la ontogenia (desarrollo embrionario de un ser vivo) es una síntesis acelerada de la filogenia (evolución de la especie).

Hace unos 1500 millones de años se produjo un salto evolutivo importante, con la aparición de los eucariotas, células con el ADN protegido por la membrana nuclear.  Según la teoría de la endosimbiosis seriada,  la primera célula eucariota se formó por unión de otras más simples, especializadas en funciones importantes de la vida, y formando así un nuevo ser vivo más complejo.

Hace unos 600 millones de años surgieron los metazoos, seres vivos pluricelulares, formados por unión jerarquizada de seres vivos más simples (células), con funciones diferentes.

Esta tendencia  de la vida  a encontrar apoyo y sentido en formas de vida superiores se manifiesta a lo largo de toda su evolución. Pensemos que la ONU es una asociación de naciones y estas están formadas por seres humanos. Cada elemento del universo estaría conectado por abajo con lo que le da soporte y por arriba con lo que le da sentido, afirmaría Teilhard de Chardin.

Hace unos 530 millones de años se produjo otro gran salto evolutivo, la explosión Cámbrica, al surgir los seres vivos con simetría bilateral, con los órganos de los sentidos situados delante, como mirando al futuro. El primer bilateral se llamó Urbilateria. Los seres vivos con simetría radial llevaban millones de años sin evolucionar y ahí siguen lo mismo.

Otros salto importante en la evolución de la vida fue la aparición del dimorfismo sexual, bipolaridad dinamizadora que, además de su función reproductiva y generadora de nuevos códigos genéticos, por combinación, sirve de soporte a diversas dimensiones afectivas, que enriquecen la vida.

Otro salto de gran importancia fue el desarrollo del sistema nervioso que permite una bipolaridad dinamizadora fundamental; la que se produce entre la realidad externa o naturaleza y su réplica simbólica en el sistema nervioso o consciencia, que interactúan entre sí.

El salto más gigantesco en la evolución de la vida se produjo hace unos 200.000 años con la aparición del ser humano.

La selección natural propuesta por Darwin es el mecanismo fundamental de la evolución;  opera a base de generar diversas formas de vida, de las que sobrevivirán aquellas que puedan adaptarse y acoplarse a un todo armonizado, cuyo final es difícil de imaginar. Resulta difícil compaginar la apuesta de la vida por la diversidad con las propuestas de uniformarlo todo que se formulan a menudo.

La selección natural recurre a la muerte para eliminar las especies que no se adaptan y opera permanentemente, aunque también con crueles embestidas que provocan grandes extinciones. Hace unos 250 millones de años tuvo lugar la Gran Mortandad que eliminó casi todas las especies marinas y la mayoría de las terrestres. Hace unos 65 millones de años se extinguieron los dinosaurios. Suelen deberse estas extinciones a enturbiamiento de la atmósfera a consecuencia de humos y vapores procedentes de erupciones volcánicas, del impacto de asteroides, o de incendios; este último mecanismo lo entendemos bien los habitantes de Fonsagrada, que vimos oscurecer, a media tarde, a consecuencia de un incendio forestal, hace pocos meses.

Parece que estamos inmersos en una extinción que se inició hace unos diez mil años, causada por la especie humana y que no sabemos cómo acabará, pero cabe esperar que quien la provoca y conoce sus mecanismos sabrá también evitar que se convierta en una gran catástrofe. Las extinciones nunca fueron totales; desaparecen unas especies y dan la oportunidad  a otras. Muchas de las especies desaparecidas llevaban millones de años sobre la tierra y tuvieron su oportunidad, pero no evolucionaron y no pudieron sobrevivir.

Puede parecernos cruel y absurda la Selección Natural porque recurre a la muerte y permite, en teoría,  que un simple ácaro como la varroa acabe con insectos tan desarrollados como las abejas, pero la supervivencia es lo que cuenta en estos casos. No debe ser tan absurdo y cruel un proceso que condujo la vida hasta el ser humano.

Parece que para sobrevivir hay que evolucionar y, en este sentido, cabe espera que la especie humana llegue muy lejos, gracias a su inteligencia,  a su conocimiento y a su capacidad de evolución y de adaptación.

En cualquier caso, la vida que conocemos se extinguirá, como máximo, dentro de unos 5.000 millones de años, cuando sol, convertido en gigante roja, abrase la tierra,  según opinan los entendidos, y solo cabe esperar que para entonces la especie humana haya colonizado ya otros planetas.

Foto: Miguel Castaño

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