Experiencias cercanas a la muerte

Gumersindo Rego Fernández

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Las experiencias cercanas a la muerte  permiten explicar cosas que no tenían explicación. Aunque se llaman cercanas a la muerte se dan también en casos de meditación, aislamiento y consumo de drogas, entre otros. Se dieron siempre, aunque con diferentes nombres, viajes astrales, viajes al otro mundo o revelaciones. Quedó constancia escrita de ellas desde la antigüedad, en el Libro Egipcio de los muertos, en el Libro Tibetano de los muertos y en otros escritos. Personas muy influyentes en la historia parece que se basaron en estas experiencias. Son frecuentes porque se dan en el 4 % de la población y en el 19 % de los que superan un paro cardiaco.

Las experiencias cercanas a la muerte incluyen: sensación de verse fuera del cuerpo, de ver el cuerpo desde arriba, de ver lo que hacen con su cuerpo los médicos y enfermeras en el quirófano, de moverse libremente por el espacio, de atravesar paredes, de ver lo que ocurre en otras dependencias del hospital y de la ciudad; sensación de desplazarse a gran velocidad por un túnel y de encontrase al final del mismo con una luz especial.

Incluyen también estas experiencias sensación de encontrarse en un ambiente sobrenatural, con personas fallecidas y con un ser de luz, una especie de ente personal, que inspira paz y amor; sensación de verse unidos a todo, de conocerlo todo y de comunicarse mente a mente con los demás; sensación de belleza, amor y felicidad en un grado jamás percibido ni imaginado y finalmente regreso al cuerpo a disgusto, no siempre, porque algunas son desagradables, y cambios en el modo de ver la vida, con pérdida del miedo a la muerte y  seguridad de que hay vida después de la muerte.

Se intentan explicar estas experiencias en base a la función del cerebro. La vinculación con el cerebro es evidente, entre otras cosas, porque son más frecuentes en epilépticos y porque se puede provocar algo parecido aplicando campos magnéticos al lóbulo temporal, mediante el dispositivo llamado casco de Koren. El propio psiquiatra Gaona, autor de un libro reciente sobre este tema, se sometió al experimento y pudo comprobar su realidad.

El hecho de que el cerebro esté implicado no significa que todo surja del cerebro. Es difícil admitir que el cerebro pueda producir por su cuenta experiencias de belleza, amor y felicidad en un grado jamás percibido, ni siquiera imaginado. Sería como admitir que un televisor puede producir, escenas de una riqueza muy superior a las generadas por la fuente emisora.

En cualquier caso lo más sorprendente y significativo de estas experiencias probablemente sea el hecho de tengamos receptores que, estimulados de una forma desconocida, nos permiten ver colmadas todas nuestras aspiraciones, deseos y tendencias, en unión con todo y manteniendo la identidad personal. En esto coinciden bastante con la salvación que proponen algunas religiones. Lo difícil es saber si se trata de procesos independientes o si están relacionados. Parece probable que las citadas experiencias influyesen en las religiones, a modo de ventana o vía de acceso, junto con otras fuentes.

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