¿Qué son las mámoas?

Las mámoas en tierras de Fonsagrada (I). Por Enrique López Fernández

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¿Qué sabemos de los primeros habitantes de las oreadas tierras del viejo Burón, más tarde, muy tarde, a partir del año 1834, llamadas de Fonsagrada y que bajo este nombre hoy se las conoce?

La respuesta la guardan esos intrigantes montículos que, a modo de enormes burrueiras, se extienden, numerosos, por toda la geografía del municipio. Son los pequeños o medianos túmulos que reciben entre nosotros el nombre de mámoas, medorras o modorras, y que desde siempre llamaron la atención de los habitantes del país. Ellas, con su misma presencia y los ajuares conocidos que ocultaron en sus entrañas, como obra que son de los primeros moradores, tienen la palabra.

Por eso, estudiarlas es estudiar los primeros pasos del hombre por nuestro solar buronés. Más aún, es estudiar nuestras propias raíces, pues no cabe duda de que, a pesar del tránsito por estas tierras de pueblos y razas diversas, con las mezclas consiguientes, parte de la herencia genética de aquellos hombres de las mámoas corre, en la dosis que sea, todavía por las venas de algunos de los actuales buroneses.

Vamos, pues, a pasar revista, ante todo, y levantar acta de las diversas mámoas, con todas sus variantes, que pueblan las anchas planicies de nuestras elevadas cumbres; para ello aprovecharemos un trabajo publicado por nosotros en 1992, cuya referencia damos completa al final, actualizándolo en lo posible. Una vez conocido este tesoro heredado, con su difusión geográfica, su tipología y algunos de los objetos hallados en sus mámoas o procedentes de ellas, trataremos de responder a la pregunta sobre los hombres que las construyeron, raza o condición, datación, cultura y desarrollo.

Como hemos dicho, son pequeños montículos que, a modo de las burrueiras que se hacían en los montes para quemar los terrones de la cavada y luego sembrar el centeno, se destacan sobre su entorno, solo que gigantes en comparación con aquellas.

En castellano reciben, por lo mismo, el nombre de túmulos o construcciones tumulares y en gallego se llaman mámoas, medorras, medornas, medoñas, modorras, modornas, modoñas o arcas y arquelas, cuando, destruido el túmulo de tierra que las forma, su posible estructura dolménica del interior ha quedado al descubierto, restando solo ella.

Por lo mismo, se llaman también, en otros lugares, dólmenes y antas. Los nombres mámoa y medorra vienen del latín y aluden, respectivamente, a su forma de pecho de mujer o mama y a la de pequeña pirámide o cono. Mámoa, en efecto, se deriva de mámmula, diminutivo de mamma, que es el pecho de la mujer, y medorra o medorna de metula, diminutivo de meta, que significa cono o pirámide, de donde se deriva nuestra palabra meda, y ya en latín podía designar un montón de hierba.

Así, el poeta Ovidio compara el ciprés con una pirámide, llamándole meta, y la palabra metula, en el sentido de pequeña pirámide, aparece usada en Plinio. De aquí proceden todas las demás variantes. El uso de la palabra metula parece sugerir que, cuando se empezó a llamar a los túmulos con este nombre, presentaban forma más apuntada de la que hoy ofrecen, efecto sin duda de la erosión natural y de la acción del hombre a través de los siglos; ello querría también decir que el otro término con que se les conoce, mámoa o mámmula, se les impuso más tarde, cuando ya habían adquirido la forma que hoy exhiben de casquete esférico, que evoca el pecho de mujer. En su origen, por tanto, más bien debieron de ser como pequeñas pirámides.

En cuanto al uso o función, se trata sencillamente de enterramientos o monumentos funerarios erigidos por los hombres de aquella época para sepultar a sus muertos. Este tipo de enterramientos gozó de gran difusión geográfica, empezando por el Oriente, y es muy antiguo, prolongándose su duración hasta los tiempos de los romanos, si bien de forma muy esporádica y ya sin significado cultural alguno. En realidad, tal significado lo había perdido ya cuando empieza la cultura de los castros, que tiene lugar casi ochocientos años antes de la llegada de los romanos a España.

Las mámoas en tierras de Fonsagrada (I). Por Enrique López Fernández

Foto: Fonsaweb

http://www.fonsaweb.com/web/05_cultura/historia/prehistoria.htm

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Comentarios

  • Muy interesante y esclarecedor

    Gumersindo 31 Outubro, 2018 5:52 p.m. Responder

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