La gran frontera

Gumersindo Rego Fernández

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Normalmente la muerte no ofrece dudas, sin embargo, la frontera entre la vida y la muerte es compleja y ha generado grandes quebraderos de cabeza. Desde siempre el hombre pudo observar seres humanos aparentemente muertos que recuperaban la consciencia. Las transformaciones que experimentan los cadáveres pudieron inducir temor a ser enterrados vivos y a pintorescas soluciones, como la de poner una cuerda en la mano del difunto, conectada a una campanilla exterior, para que la tocase en caso de haber sido enterrado con vida. Las dudas generaron una compleja legislación al respecto, para evitar errores tan graves.

El problema se ha agudizado con los trasplantes de órganos y las dudas se reflejan incluso en los apellidos que se dan a la muerte, como muerte cerebral o muerte clínica. Afortunadamente los avances de la medicina aseguran que, prácticamente, no es posible actualmente un error en el diagnóstico de la muerte, siempre que se haga en trabajo diagnóstico apropiado.

El hombre primitivo pudo observar algún murciélago chupando sangre de un animal y pudo observar depredadores con la boca ensangrentada, pudo observar también enfermos demacrados que fallecían y después aparecían otros miembros de la familia demacrados, debido a enfermedades contagiosas como la tuberculosis, o a enfermedades hereditarias como la porfiria.

Por otra parte en el muerto sigue habiendo actividad química y biológica, actividad que pudo inducir a errores, hasta que se desarrolló la medicina forense. Las bacterias intestinales son anaerobias y obtienen la energía que necesitan mediante fermentaciones que persisten en el difunto generando gases que distienden el abdomen, pueden romper vísceras y abombar tejidos. Se decía que el muerto había hinchado, cuando, en realidad, estaba inflado de gases, básicamente. Muchos ahogados flotan al cabo de días, hinchados como globos por este motivo. La uñas crecen en los difuntos y los labios se retraen, por lo que los dientes pueden hacerse prominentes y en la boca puede asomar material sanguinolento, debido a la rotura de órganos internos, lo que pudo sugerir que habían mordido a alguien y habían chupado su sangre.

Todo ello pudo contribuir al mito del vampiro, uno de los mitos más antiguos y duraderos de la humanidad, mito que ocasionó grandes sufrimientos hasta época relativamente reciente. Se abrieron tumbas con el fin de rematar definitivamente al supuesto vampiro, clavándole una estaca en el pecho, para que no pudiese salir de la tumba y chupar sangre a los vivos.  El impacto del vampirismo se refleja en el éxito de la novela de Bram Stoker sobre el conde Drácula y el de la correspondiente película. El conocimiento de las causa de la enfermedad y el avance de la medicina forense facilitaron la liberación de este mítico.

El hombre imaginó diversas formas intermedias entre la vida y la muerte. Los  fantasmas son espíritus que se hacen visibles; normalmente corresponden a fallecidos por una muerte cruel, o a personas que se fueron dejando algo sin resolver.

La frontera entre la vida y la muerte era relativamente permeable en tiempos mágicos, cuando los humanos podían hacerse inmortales y convertirse en dioses y los dioses encarnaban en humanos, reyes y faraones. La frontera se fue haciendo casi impermeable con el paso de los años. En la mitología constan hazañas para el rescatar algún fallecido del triste mundo de los muertos (Hades). La propia biblia hay expresiones sugestivas: “… hay un gran abismo puesto entre nosotros y vosotros, de modo que los que quieran pasar de aquí a vosotros no puedan… ”, “…no puede verme el hombre y seguir viviendo”. En la  película Ghost se escenifican estas dificultades.

Percepción de sombras, nubes, luces, presencias, apariciones y otros fenómenos extraños, en los que raras veces se llega a configurar una imagen personal, pueden ser reflejo de la referida dificultad de pasar la frontera, frontera que, sin embargo, se intenta mantener permeable en algunas celebraciones como la noche de difuntos, noche de ánimas o de Halloween, en la que supuestamente los muertos pueden volver a visitar a los vivos.

El paso de la frontera de aquí para allá también perece difícil. En los libros de los muertos egipcio y tibetano constan instrucciones para que los difuntos pudiedan pasar tal frontera. Algunos de los que tuvieron una experiencia cercana a la muerte hacen referencia a una frontera infranqueable. “Entonces alcancé la frontera… Sencillamente comprendí que nunca podría volver si cruzaba aquel límite”.

La frontera entre la vida y la muerte se ha complicado y enriquecido durante las últimas décadas, al prestar atención a las llamadas experiencias cercanas a la muerte, a las que hemos dedicado ya un pequeño artículo.

Gumersindo Rego Fernández

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