Otros mundos

Gumersindo Rego Fernández

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Desde que fuimos informados de que la materia puede adoptar el estado sólido, líquido o gaseoso, sabemos que la misma realidad puede presentarse en diferentes estados. Con el desarrollo de instrumentos de precisión, se van detectando estados de la realidad cada vez más sutiles y se van descubriendo otros mundos.

Un partido de fútbol, por ejemplo, puede estar en diferentes estados; puede estar en vivo en el campo; puede estar en estado de ondas electromagnéticas de luz que llegan al espectador a través del espacio, estado que requiere instrumentos de precisión para ser detectado; puede estar en el cerebro de los espectadores, en patrones de excitación neuronal, estado detectable, de modo aproximado, con resonancia magnética funcional, y la misma realidad del partido puede estar también en el soporte electromagnético de los teléfonos móviles, comprimida en estado de información, información que puede ser procesada y revertida al original y hacerse visible en la pantalla del dispositivo.

En el mundo cuántico, mundo de las pequeñas partículas, el tiempo y el espacio se desconfiguran y pueden ocurrir a la vez cosas que a nosotros nos parece imposible, algo así como si al tirar una monada al aire pudiesen salir cara y cruz a la vez; lo de antes y después no funciona en este mundo cuántico según nuestra experiencia, debido a lo que se denomina la superposición cuántica. Por otra parte, si dos partículas tienen el mismo origen permanecen siempre unidas, aunque estén en los extremos de una galaxia, debido al entrelazamiento cuántico. Como todas las partículas del universo proceden del Big Bang, de la gran explosión, de la explosión de un pequeño cuerpo hace unos 14.000 millones de años, todo el universo, incluidos nosotros, puede estar más entrelazado e interrelacionado de lo que parece y todo ello podría explicar experiencias extrañas que hasta ahora tenían difícil explicación.

Entendemos por consciencia la capacidad de interiorizar un conocimiento y hacerlo presente en nuestra mente. Cuando nos damos cuenta de algo es que algo entró en nuestra consciencia. El mayor problema de la consciencia humana es que tiene un tope, marcado por la complejidad de su estructura y por su capacidad, y no podemos ser plenamente conscientes de algo que supere ese tope, porque lo grande no cabe en lo pequeño.

Un perro, en una fiesta, no presta atención alguna al baile ni a la orquesta, porque eso no forma parte de su mundo, pertenece al nuestro, y nuestro mundo supera con mucho el tope de consciencia de un perro, y aunque nos esforcemos en hacérselo comprender fracasaremos; un perro jamás podrá entender una ecuación matemática ni una partitura musical, por ejemplo.

El ejemplo del perro es inquietante porque podríamos estar nosotros en una situación similar en relación con posibles mundos más complejos que el nuestro, pero resolvemos tal inquietud no pensando en ello, “escondiendo la cabeza debajo del ala” y creyendo que no hay más mundos que el que conocemos, sin embargo, el ejemplo del perro nos pone de manifiesto claramente que hay mundos diferentes.

El hecho de que la misma realidad pueda encontrarse en diferentes estados y que estos sean reversibles merece reflexiones profundas que cada uno puede hacer a su manera.

 

Con el ejemplo del perro vemos también que es muy difícil la comunicación entre mundos diferentes y tal vez experiencias extrañas que solemos calificar de paranormales sean testigo de tal dificultad.

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